Buenas tardes amigos,
Que qué tal me va. Me preguntáis a veces por las redes sociales.

Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada. Más de seis meses. La tienda está cerrada. Ha sido duro volver a ponerse a escribir sobre este tema pero aquí estoy.

Me ha costado meses conseguir no llorar cuando compraba algún material, hacía algún proyecto o preparaba alguna clase. Pero ya está superado.

Sigue siendo duro, claro. Para mí, la tienda era como una especie de hija, y de pronto, murió por circunstancias que yo no comprendía muy bien y ajenas a mí. Perdimos nuestra otra fuente de ingresos y con ella sólo no podíamos construir el futuro que deseábamos. Trabajábamos tanto en ella que casi no teníamos vida.

Tuvimos que buscar otros trabajos y barajar otras posibilidades. Y lo hemos conseguido. Ahora hemos conseguido recuperarnos y se nos han abierto muchas oportunidades diferentes.

Y ya soy capaz de coger otra vez el teclado para contarte cosas de manualidades, o de otra índole. Cosas serias. Porque las manualidades no son un juego. Pueden ser mucho más. Tu vida, por ejemplo.

Te voy a contar unas cuantas cosas que he aprendido durante este camino, ahora que lo veo con un poco más de perspectiva:

* La primera cosa que he aprendido es sobre las personas. Durante estos casi cuatro años, he visto pasar miles de personas por la tienda con sueños, emociones diferentes, alegrías y penas, todas con un objetivo común: hacer manualidades.

He aprendido sobre sus gestos, sobre sus palabras y sobre sus actos. Digamos que me he sacado un máster en psicología de andar por casa. La gente te cuenta sus cosas. Llora, se ríe, comparte contigo. Y es enriquecedor. Y tú escuchas, aprendes a ser paciente, a morderte la lengua, a reír o llorar con ellos.

* La segunda cosa que he aprendido es a organizarme. Estando en mi nuevo trabajo, me descubrí un día escribiendo y organizando todo en una agenda, casi de forma automática.

Y es que ahora no sé hacer nada si no tengo un boli y un papel delante para bocetarlo, planificarlo o ver los pros y los contras. Parece mentira que esto me lo haya dado ser tendera y no los años de estudio y trabajo en ingeniería.

* La tercera, pero no por ello menos importante, ha sido encontrar mi pasión: la enseñanza. Aprender a enseñar es complicado si tú no estás dispuesto a aprender también. Tienes que ser organizado y saber escuchar a las personas no sólo con los oídos, sino con todos los sentidos.

* La cuarta, que uno está hecho para lo que está hecho, aunque nunca deja de aprender. Yo no estoy hecha para trabajar en una oficina de 9 a 6. Estoy hecha para llevar mi propio negocio sí o sí y creo que es innegable porque me encanta organizar mi tiempo a mi manera y siento que me pudro entre cuatro paredes de pladur y una mesa de serie.

*La quinta, a lo mejor, no es un aprendizaje, es un sentimiento que tengo metido en el pecho. Algo parecido a la nostalgia: echo de menos tener clientes directos. Echo de menos hablar con la gente sobre qué quieren, sus ideas, sus opiniones, sus objeciones, sus estar de acuerdo, su contacto.
los consejos, el intercambio.

Todo esto me está dando vueltas en la cabeza últimamente… Hoy soy yo la que necesita consejo.

Tú, que me has seguido por Facebook incondicionalmente desde que abrí la tienda allá por 2013… O tú, que has venido a mis talleres y nos hemos hecho verdaderas amigas, o tú, que eres mi tímido amigo que nunca me dice nada pero siempre me regala un ‘me gusta’…

¿Qué crees que podría hacer con todo esto que he aprendido?

 

 

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